Compras seguras

No todo lo que brilla es oro, reza un popular adagio. Por ello, antes de comprar una joya de oro, conviene preguntar sobre la calidad del metal con el que se ha fabricado.

El oro en estado puro (al 100%) es el de 24 quilates. Pero el oro puro resulta demasiado dúctil y blando, por lo que usualmente no se fabrican piezas de joyería con este quilataje. Los fabricantes de oro emplean el oro de 24 quilates para fundirlo con otros metales, como la plata, el paladio o el cobre, entre otros, que le aportan dureza y solidez. El quilate que tenga una joya de oro indica el grado de pureza de la misma.

La palabra 'quilate' es de origen árabe, y significa en esta lengua 'semilla de haba', ya que en la antigüedad ésta fue usada para medir el peso del oro y de otras piedras preciosas.

El mayor o menor porcentaje de las aleaciones que contenga una pieza de oro es lo que determina su quilataje, y uno de los factores que definitivamente influyen en su precio. El oro de 18 quilates, el más utilizado en España, contiene un 75% de oro puro y un 25% de otros metales, según la Asociación Española de Joyeros, Plateros y Relojeros.

Respecto a los precios, un gramo de oro puro (de 24 quilates) cuesta 17 euros cuando se comercializa como materia prima para alearse con otros metales con el fin de fabricar joyas. Una pieza de oro de 18 quilates (que contiene un 75% de oro puro) que pese 10 gramos contendrá 7,5 gramos de oro puro, lo que equivale a 127,5 euros (17 multiplicado por 7,5). Además de los quilates, el grado de pureza del oro puede expresarse con la frase 'ley de oro'. Al oro de 18 quilates también se le conoce como 'oro de primera ley' y el precio de las joyas fabricadas con este material varía a su vez de acuerdo con el metal con que se encuentre aleado.

Precisamente, estas aleaciones son las que determinan que una pieza de oro se conozca como oro blanco u oro rojo. El más noble y costoso de los metales con que se funde el oro puro (el de 24 quilates) es el paladio, que lo aclara y le aporta un tono blancuzco, transformándolo en lo que se conoce como 'oro blanco'. Algo similar sucede cuando se emplea la plata para la aleación, aunque el oro blanco paladiado tiene un valor superior al argentado. La mezcla del cobre con el oro puro le da a éste un tono rojizo, produciendo lo que se conoce como 'oro rojo', que tiene un valor inferior al oro blanco, aunque posea el mismo quilataje.


Un consejo para distinguir la plata: un imán. No es para todos los casos, sobre todo si tienen baños de rodio o de otro material, pero si el imán la jala notoriamente, no es plata. Aunque esté quintado. El color de la plata (sin bañar) es blanco-amarillento, si tiende mucho al gris oscuro o al verde, desconfíe. Las piezas de cobre y alpaca manchan la piel de verde.

Por desgracia hay muchos vendedores que venden piezas que son difíciles de distinguir de la plata verdadera, puesto que tienen hasta el quintado, pero en realidad son de cobre bañado en plata.



Para distinguir el ámbar: No importa lo que digan, el ámbar es una resina, por lo que se quema, despide un olor como de copal o pino. Si no se quema y se llena de hollín es vidrio. Si lo quemas con una aguja al rojo y huele a plástico, será obvio que es falso. Si tiene insectos dentro desconfía, pues que yo sepa, encontrarlos es muy raro -aunque no imposible- en el ámbar natural, y en todo caso sería mucho más caro que el ámbar verdadero sin esta clase de inclusiones.



Para saber si un diamante es de calidad, o verdadero, hay que acudir a un joyero.  Para un primer test, si la pieza se raya, desde luego es falso.